EDUFIS sobrevive a la tragedia…

¿Se habrá notado lo esencial?

Eran las 15:00 horas del siete de julio de 2017, en el Ministerio de Hacienda de El Salvador y en específico en las oficinas de la Unidad de Educación Fiscal ubicadas en el octavo nivel de la Torre Tres, todo transcurría en absoluta normalidad, el equipo de EDUFIS (Wendy, Silvia Namir, Roberto, Sonia, Edith y Estefany), dedicaban su tiempo y esfuerzo a preparar la próxima visita por atender en el espacio lúdico de Exprésate, daban seguimiento al diplomado virtual de Educación Fiscal en curso y analizaban la evaluación del evento anterior; en lo personal me correspondió atender a tres jóvenes de último año de bachillerato, investigaban algo relativo a la formulación del Presupuesto General de la Nación; de repente, fue el sentido del olfato quien nos indicó que algo se quemaba. En 21 años al servicio de la Administración Tributaria jamás presentí ni presencié algo semejante, un siniestro cuyo origen desconocíamos, luego una voz apresurada diciendo que debíamos salir y bajar, pero al primer intento de ello, nuestras oficinas se vieron inundadas de considerable cantidad de humo negro y gases ardientes, que neutralizarían cualquier intento por escapar; cerramos las puertas, posteriormente intenté bajar dos pisos para evaluar una posibilidad de escape y todo fue en vano, más bajaba más infernal el ambiente, nos convertimos en cautivos de un siniestro, padeciendo la angustia, desesperación, impotencia y no dudo que todos vimos pasar la película de nuestras vidas en unos pocos segundos, clamando con fuerza al creador para que alejara de nosotros la sombra de la muerte.

Luego de una hora y media de batallar contra el siniestro el Cuerpo de Bomberos de El Salvador y cuerpos de socorro, rescataron a una veintena de personas, entre ellos el equipo de EDUFIS, quienes fueron remitidos hacia distintos centros asistenciales con diferentes cuadros de gravedad.

Durante y posterior al siniestro muchas personas y medios de comunicación emitían opinión sobre lo acontecido, formulando conjeturas o hipótesis sobre el origen del siniestro, criticando la posible ausencia de medidas de seguridad; pero a la vez, tanto las autoridades como la ciudadanía en general reconocían la destacada y heroica labor del cuerpo de bomberos, miembros de la fuerza aérea por los rescates en helicóptero realizados y de otros cuerpos de socorro tales como Cruz Roja Salvadoreña, Comandos de Salvamento (Cruz Verde), la asistencia médica inmediata por personal del Ministerio de Salud (FOSALUD) y brigadas de Evacuación y Primeros Auxilios del Ministerio de Hacienda. Y es que se debe reconocer que apenas a unos minutos de haberse iniciado la emergencia, las unidades móviles del cuerpo de Bomberos acudieron al lugar y se activó todo un Sistema de Emergencia; se combatía con todos los recursos el feroz incendio, siendo una titánica lucha pues no solo había que aplacar el fuego sino también minimizar la causación de victimas pertenecientes a no menos de quince oficinas.

Hubo efectividad en el traslado de lesionados hacia los hospitales, muchos de ellos en ambulancias estatales recibiendo los primeros auxilios que ameritaba cada caso, la policía asegurando el perímetro del siniestro y procurando un tránsito despejado de las ambulancias hacia los hospitales, la recepción y atención de los pacientes en hospitales nacionales y del Instituto Salvadoreño del Seguro Social fue inmediata; el primero de los pacientes, uno de los jóvenes estudiantes que nos visitaban y que cayó desde el octavo piso, al aventurarse sacando su cuerpo por una de las ventanas, buscando respirar aire puro; luego los demás, quienes conforme iban llegando, recibían aplicación inmediata de medicamentos y oxígeno como primeras medidas para facilitar la respiración, luego las nebulizaciones, los pacientes fueron clasificados en atención al grado de intoxicación, gravedad de quemaduras (desde primero hasta cuarto grado) y otros factores asociados, de ese modo quedaron distribuidos en Máxima Urgencia, cuidados intensivos (UCI) y cuidados intermedios (UCINT), practicándosele cirugías a algunos de ellos, aplicando ventilación mecánica a otros y optando al coma inducido según el caso. Todo un equipo de médicos, paramédicos, enfermeras y enfermeros, comprometidos con atender la emergencia.

Una vez superada la emergencia, era posible hacer un recuento de los daños: dos valiosas vidas de miembros de la familia de hacienda se apagaron, mientras que para el resto de afectados la providencia quiso que gradualmente uno a uno fuera obteniendo la anhelada alta médica y una consecuente alegría entre familiares y amigos.

Una semana después del siniestro el señor Presidente de la República entregó reconocimientos, condecoraciones y recursos monetarios a las instituciones del Estado. De igual manera se destacó el papel desempeñado por el personal de hospitales por la excelente atención y trato brindado a cada uno de los pacientes.

No obstante lo anterior, cabe preguntarse ¿se habrá notado algo muy esencial en todo esto? Se trata de una interrogante que solo se responde desde la perspectiva de la fe pero también desde la objetividad.

Será acaso una epifanía, quizá una nueva oportunidad (¿?) que se nos ha concedido para llevar a feliz término la misión que nos ha sido encomendada en nuestro paso por este mundo; es probable existan opiniones divididas al respecto, pero hay algo que posee contundencia suprema y es el hecho de que nada del actuar del Cuerpo de Bomberos, Policía Nacional Civil, Fuerza Aérea Salvadoreña, y la asistencia médica y hospitalaria hubiesen sido posibles si el Estado no hubiere dispuesto de recursos necesarios para asignar a estas instituciones y es aquí donde en verdad se palpa la protección que el Estado debe brindar a sus ciudadanos; nadie puede precisar la fecha ni la hora en que una tragedia le ha de sobrevenir y ahora yo aún tengo la oportunidad de estárselos contando; no deseo a ninguno de ustedes ser protagonista de un siniestro como éste, más bien deseo exhortarles a seguir ejerciendo una ciudadanía plena cumpliendo con sus deberes entre ellos los tributarios y exigiendo el respeto de sus derechos, comprendiendo en su justa dimensión para qué sirven los tributos y por qué tributar debe ser visto como algo inherente a la existencia y aún más a la necesidad de preservar la vida. La solidaridad debe manifestarse todo el tiempo, puesto que no se sabe si el pesar que causa hoy en día el deber de tributar, mañana puede hacer la diferencia entre poder mirar un nuevo amanecer o tan solo ser parte de un triste acontecimiento.

Finalmente decir Gracias a Dios por esta nueva oportunidad y a ti por tomarte tu tiempo para conocer nuestro testimonio.